Cartas. “Eligiendo al Agente”

Carta Nº 6:  Eligiendo al Agente

Querida Ana:

                       Se me ha ido volando la primer semana en Dubai. Con tanto trabajo, casi no me he cruzado con Oliver. ¿Podés creer que todavía sigue aquí? Su padre ha venido varias veces a mi oficina, preguntado por los avances en la revisión de los contratos, pero, sobre todo, por la elección del Agente Local que nos representará ante el Gobierno del Emirato. Me pongo contenta cuando lo veo llegar. Mi relación con el padre de Oliver, Pierre, siempre ha sido buena. Cada vez que puede,  me hace notar, la seguridad que le proyecta mi lealtad.  La verdad es que, a estas alturas, no sé si es genuina confianza en mí, o si, por el contrario, cuida astutamente nuestras buenas relaciones, por todo lo confidencial que pasa por mis manos.

                         De Alí, ni hablar. Llego casi de noche, apenas con un resto de energía que alcanza solo para ducharme. No me duermo: me desmayo!  Le avisé que este sábado a la noche, lo precisaré. Me dejó absorta cuando me dijo que esta vez, él invitaría. ¿ Qué está pasando, Ana? No entendí. Me quedé colgada. Solo atiné a responder:  “ok”. (?)

                            Ayer a la noche, pedí que me subieran la cena. Mi cansancio era tal, que no daba para ir al restaurante. Mientras la esperaba, aproveché a darme una  ducha “express”. Salí del baño envuelta en una toalla blanca, cuando escuché un ruido ensordecedor. Me acerqué a la ventana y ví toda la escena. Dos pisos más arriba, está el helipuerto del hotel.  Un helicóptero acababa de aterrizar. Se bajó un grupo de árabes, que respondían a las órdenes del que iba adelante. No pude distinguir las personas. Pero había un despliegue importante de seguridad, alrededor. La curiosidad femenina pudo más. Y llamé a recepción.

                         Así me enteré que Jumeirah Group International, es el propietario del hotel.

                               De los empresarios más vinculados y notorios de Dubai, he seleccionado a dos. Los he contactado y, para mi alegría, ambos se mostraron muy interesados en el puesto ofrecido. Después de todo, la envergadura de la Compañía es internacional. Y su fama no solo es atribuible a sus éxitos comerciales, sino a sus valores éticos, que son tan escasos de encontrar en estos tiempos. Con ambos, concerté reuniones para el lunes a la mañana. Con el primero, la cita es temprano, a la hora del desayuno y con el segundo, es al mediodía. Sigo buscando al tercer candidato. Pierre fue estricto con eso: “Quiero tres opciones”, me dijo.

                                Hoy, llegué un poco más temprano. Me duché, me vestí y subí a cenar al Al Muntaha.  Quería conocerlo. Localizado a 200 metros de altura,  la vista panorámica de la ciudad de Dubái es espectacular. Está ubicado sobre una plataforma voladiza que se extiende 27 metros de cada lado del mástil; y se tiene acceso a él a través de un ascensor panorámico.

                                  Al llegar, me condujeron a una mesita pequeña, muy elegante, pero alejada. Es que estaba sola. Pude notar, sin embargo, el grupo de ruidosos caballeros que ocupaban la mesa central. Todos de traje, con sus “hatata” sobre la cabeza. Uno de ellos, me descubrió y me sostuvo la mirada hasta que yo bajé mis ojos, tímidamente.

                                      Aproveché la visita del mozo, quien traía mi bebida, y pregunté.  Me contó que eran los dueños del hotel, y que Oscar Al Dashti, había llegado ayer, en helicóptero.

                                  La inquisición continuó más que nunca!  Pude averiguar, por ejemplo, que aquel que me miraba con insistencia,  era Oscar Al Dashti y que la celebración era por su reciente ingreso al Grupo, en reemplazo de su hermano Saeed.

                                   Apenas tuvo que levantar la mano, y mi mozo me abandonó descaradamente, para atender al personaje. Mientras conversaban, me miraban. Supe que hablaban de mí.  El mozo escribió algo en un papel y se lo entregó.

                                 Dejé la mitad de la cena, en el plato. Me insistieron con el postre, pero yo solo quería volver a mi habitación.

                                 Y aquí estoy, amiga querida. Conservo con dificultad, los ojos abiertos.

                                  Hasta mañana.

                                  Beso

P.D.: Te extraño.

Cartas. “Érase una vez, Oliver”

Carta Nº 5:  Érase una vez, Oliver. 

Querida Ana:

                       Mi día empezó temprano, hoy. A las ocho ya estaba en mi oficina. Estoy abrumada de trabajo. El tic tac resuena en mi cabeza. La reunión de Directorio es en dos semanas. Tendré que tener todo listo. Mi principal tarea consistirá en llevar candidatos para ser nuestro “Agente Local”, quien actuará  de patrocinador.  Una vez  elegido nuestro sponsor, será necesario un permiso del Departamento de Desarrollo Económico.

                         Cada vez que Oliver aparece en mis pensamientos, me esfuerzo en recordar la noche de ayer:  la segunda con Alí. Me llevó a recorrer Dubai nocturna. Me encantó. La seguridad, amiga, es muy alta. A los musulmanes no les está permitido ni el alcohol ni las drogas. Sin embargo, Alí me llevó en recorrida por bares, que me llenaron de júbilo. Hay turistas de todo el mundo. Y una música peculiar me embriagó más que los tragos. Alí solo bebió los permitidos. Nada de alcohol.

                               Me divertí mucho. Volvimos al hotel. Y otra noche perfecta embelleció mi vida. El éxito asegurado de nuestros encuentros amatorios,  no solo tiene que ver con Alí y su inconfundible destreza masculina. Debo reconocer que yo tengo una actitud diferente.  Supongo que, saber que él está “trabajando”, derriba mi barrera de inhibiciones que me produce una ausencia total de ansiedad: sé que llego.  Y llego, amiga!  Todas las veces. Más allá de lo caro de su compañía, se está volviendo adictivo.

                                               Pero sirve, a los fines. Después de mi ruptura con Oliver, acepté el puesto en Dubai, porque, más allá del desafío profesional, me pareció suficientemente lejos. Lástima que él no opine igual. Ser el hijo del Presidente de la Compañía, le permite ir donde quiera. Odié verlo ayer. ¿Qué pretende? ¿No fue suficiente, enterarme de su compromiso, en la cena de gala de fin de año? Cobarde!

                              Después de tres años, creí que nuestra relación era perfecta. Evidentemente, no.

                                              Ayer, detuvo el ascensor entre pisos. Su abrazo me apretaba con fuerza mientras me decía cosas que no creo. Horrible. No pude zafarme. Hasta que por fin entendió.  Lo último que recuerdo fue: “No puedo sin vos. No puedo sin vos”.

                                       ¿Qué es lo que no puede? No entiendo. Qué grado de subestimación hacia mi!  Por favor!  Aunque fuera como vos decís, y sea su madre quien presionó para que se case con esa tontita aristocrática francesa, ¿dónde lo deja ?

                                        Ya sé que la madre de Oliver y yo, nunca nos llevamos bien. Pero si es cierto que el casamiento fue su decisión, no tengo más que agradecerle, por sacarme la venda de los ojos.  No quiero a mi hombre sin su hombría.

                                        Me voy a dormir, amiga. Y esta vez, sola!  Ja ja. No puedo seguir con este ritmo.

                                        Beso

Cartas. “¿Otra vez Alí?”

Carta Nº 4: ¿Otra vez Alí?

Querida Ana:

                        Prometí escribirte todos los días. Eso hago. Dejá de preocuparte. Estoy bien. Ya estoy en la habitación del hotel. Recién llego. Mi primer día de trabajo ha sido realmente agotador. No solo por lo difícil de la tarea encomendada, si no por el episodio del ascensor.

                        Cuando, estando todavía en Francia, la Compañía me encomendó conseguir el negocio con los árabes, yo aconsejé la instalación de una sucursal en Dubai, en las zonas francas. Mi plan era osado. Pero cada vez estoy más convencida de haber elegido bien.

                         Dubái se diferencia de los otros Emiratos, porque se ha especializado como el principal centro comercial y de negocios del Golfo Pérsico, que cuenta con Jebel Ali, el tercer puerto con más tráfico de re-exportación en el mundo. El Ministerio de Economía y Comercio, nos permite una sucursal,  con propiedad extranjera del 100%;  solo debemos cumplir con una condición: el agente local (patrocinador) debe ser elegido y es necesario un permiso del Departamento de Desarrollo Económico.

                           Pasé toda la tarde estudiando la legislación de los Emiratos. Mis órdenes son: empezar a producir negocios lo antes posible. El Gobierno francés presiona al respecto.

                              Pude comprobar, libro tras libro, el acierto de mis consejos, que sin duda me dejarán en un lugar de privilegio, frente al Directorio. Las ventajas de invertir acá, son muchas, pero la principal es la ausencia de impuestos directos a las empresas. Es un paraíso fiscal.

                Mi oficina es muy linda. Funcional. Elegante. Admito que me costó concentrarme al principio. Es que el episodio del ascensor me trastornó. No estaba preparada, amiga, para estar con Oliver tan cerca, y solos, dentro de un ascensor.
                     Pude mantener mi compostura. Mi rechazo fue contundente. Toda la fortaleza que le demostré, fue solo fachada. Si me viera ahora, amiga, descubriría mi vulnerabilidad. Y mi tristeza. Lo amo todavía. Desesperadamente.
                              ¿Llamo a Alí? Otra vez mil dólares! ¿Los vale? ¿No los vale? Pará, pará, amiga. Yo los valgo! Lo llamo.
                                             Que descanses.
                                             Beso

Cartas. “Trabajando”

Carta Nº 3:  Trabajando

Querida Ana:
                        Cuando llegué a la Compañía, esta mañana, estaban todos. Con un saludo colectivo, evité mirar a Oliver. Me senté en el lugar asignado y enseguida me sirvieron el té. Saqué la carpeta y empecé mi alocución, en francés, como de costumbre.
                        “Invertir en Dubái es una de las opciones más buscadas del momento. Este Emirato se ha convertido en un centro comercial internacional, con una amplia gama de oportunidades para diferentes actividades y operaciones”- dije.
                        “La prosperidad de los Emiratos Árabes Unidos se basa en gran parte de las reservas de petróleo del país y de las reservas de gas.  Tienen cerca del diez por ciento de las reservas mundiales de petróleo y cinco por ciento de las reservas de gas”- continué.
                        La reunión se extendió hasta el mediodía. Manejar a los veintidós socios del Directorio, no es un tema menor, como comprenderás. Era la una de la tarde, y todos nos levantamos para irnos a almorzar. Oliver me buscó con la mirada; yo la evité.
                         Salí conversando con Thomas, sobre temas estrictamente profesionales. El Derecho Internacional es nuestra especialidad. Discutimos distintas formas de abordar los temas legales que recaen sobre nuestros hombros. No te olvides, amiga, que él es el único colega que tengo, en el grupo.
                          Cuando llegamos al restaurante del piso trece, las mesas redondas de seis personas cada una, me  obligaron a seguir con la mirada a Oliver. No quería sentarme en la misma mesa.
                             Tomé a Thomas del brazo, conduciéndolo hasta la mesa de la derecha. Y nos sentamos. Enseguida se amenizó la charla, con los otros cuatro.
                       Terminado el almuerzo, me despedí de todos para seguir con el día de trabajo. Iba a bajar hasta el quinto piso y tomar posesión de mi oficina.
                            Ya en el ascensor, ví la mano que impedía el cierre de la puerta plegadiza.  Era Oliver.
                             Sigo mañana, amiga.
                             Beso

Cartas. “Alí”

Carta Nº 2:  Alí

Querida Ana:

                       Anoche la pasé genial.  Alí resultó ser todo un anfitrión. Dudé al principio cuando me dijo su tarifa. Los mil dólares incluían toda la noche. No me incomodaron sus diez años menos. Es  lindo y llegó muy bien vestido. Nos entendimos en inglés.

                    Permití que eligiera el restaurante. Fuimos al Al Mahara, que está ubicado bajo el mar, con una vista subacuática a través de un vitral en forma de acuario. Alí eligió carne de cordero, con  yogur,  menta y  tomillo (servida en una mezcla denominada zataar).  La cena duró dos horas. Conversamos tan agradablemente! Es un hombre culto, bien preparado. Ambos evitamos tocar temas personales.  Observé sus encantadores buenos modales y sucumbí a su seducción permanente. Cuando salimos del restaurante, me llevaba de la mano.  Subimos

         Con una naturalidad extrema, me besó apenas cerramos la puerta, apasionadamente, como si nos hubiéramos conocido siempre. Agradecida por la forma en que manejaba mi incomodidad, me dejé llevar.

                      Su profesionalismo quedó demostrado una y otra vez. Durante toda la noche.

                     Valió cada dólar.  Esta mañana, a las ocho a.m., sonó el teléfono-despertador. El apretado tránsito en mi cama, de la noche anterior, me había dejado exhausta. Tuve que hacer un verdadero esfuerzo para levantarme.  Corrí a ducharme. Tenía poco tiempo.  Pero faltaba la sorpresa final. Cuando salí, aún mojada, Alí me esperaba con mi ropa sobre la cama. Y sí. Me vistió.

                      Diez minutos antes de las 9 a.m., yo estaba perfectamente lista, en la entrada del hotel, esperando el auto de la Compañía.

                        Noche inolvidable, amiga mía.

                         Un beso

Cartas. “La llegada”

Carta 1:  La Llegada

Querida Ana:

                       Después de todo, hice bien en aceptar el trabajo. El Burj Al Arab, es el hotel más lindo en el que he estado, desde que trabajo en la Compañía. Está situado en el mar, sobre una isla artificial,  localizada a 270 metros de la playa en el Golfo Pérsico, conectada a tierra firme mediante una calle. Tiene una altura de 321 metros; es el cuarto hotel más alto de todo el mundo.

                   Es el  único de siete estrellas. Si no me recupero en un lugar como éste, no lo haré en ningún lado. La habitación es hermosa. Se ve todo Dubai desde la ventana.  Me han dejado dos bombones en la mesita de luz y un ramo de rosas sobre la cama, con una tarjeta de Oliver, dándome la bienvenida. Mañana empezaremos con un desayuno de trabajo, a las 9 am. Pasarán a buscarme por el hotel.

                    Sobre el escritorio, me dejaron un tríptico con todo lo que puedo encontrar sin salir del hotel: cuatro piscinas y nueve restaurantes, además del spa. Sí, ya sé, ya sé… Espero que alcance para sacarme esta tremenda tristeza que carcome mis entrañas.

                      Dedicaré todos mis pensamientos al trabajo. Verás que pronto me recuperaré y volveré a ser la amiga de siempre. Mmmm… estoy escuchando el jacuzzi llenarse. Qué cansancio! Un baño reparador me dejará como nueva.  Dame una hora y sigo escribiéndote. Esperame.

                         Acá estoy, de nuevo. Envuelta en una robe de chambre, de toalla blanca, con las iniciales del hotel, bordadas en dorado.  Al salir del baño, encontré una tarjeta  en el piso alfombrado, debajo de la puerta.  Es de un tal “Alí”, que me ofrece compañía para esta noche. ¿Lo llamo?  Un poco de atención al físico no me vendría nada mal.  Ordeno la ropa de mi valija primero. Luego decido qué tengo ganas de hacer.

                     El cambio horario me tiene desorientada.  No tengo nada de sueño. Lo que tengo es hambre!  ¿Me visto y voy sola al restaurante?   ¿O llamo a “Alí” ?

                        Me puse el vestido azul. Producida y con perfume. Estoy esperándolo. Tocan la puerta. Te dejo, te dejo. Debe ser Alí. Mañana te cuento.

                              Un beso, amiga.

Árabe. Capítulo Seis

Capítulo Seis:  El Ataque

El festival tibetano se llamaba  Losar (festival del año nuevo).  Era una gran fuente de entretenimiento; incluían competencias tales como carreras de yak. Las comidas se servían al aire libre.

Aunque no entendía nada del significado del festival, se había esmerado por comprender las creencias religiosas. Estaba seguro de que lo acercarían a Tara.

Con gran sorpresa, le había quedado claro que Buda no era un dios, sino  un ser humano, quien,  tras convertirse en buda pasó a ser esencialmente algo más que un ser humano físico común;  estaba integrado en la realidad de una manera distinta y trascendente. Por vía de otras especulaciones filosóficas aparecían  otros marcos explicativos similares, como  “Matriz de la iluminación”.

Habiendo crecido con los preceptos del Islám, le había parecido dificilísimo considerar que [buda] era una potencialidad inherente en todo ser vivo que podía ser despertada en el momento propicio.

No lo sintió como un conflicto en sus pensamientos. Más bien, lo entendió como algo que podía agregar a su vida, si mantenía su mente abierta. No traicionaba su religión. La enriquecía.

Por eso la llevó al festival. Para entender.

La llevaba de la mano. Todo el poblado asumió lo obvio. Al paso de Usama, inclinaban la cabeza para ambos. Tara era ya reconocida como la esposa del General árabe.  Ella mantenía su cabeza erguida. Altanera.

Aunque disfrutó de la música y de la algarabía del Cham, no lo demostró. Su entrecejo fruncido era clara señal de su descontento.

Usama lo intentó todo ese día. Participó de la fiesta activamente, en señal de inclusión. Todos lo aceptaron. Menos Tara.

Caída la noche, y de vuelta en su casa, Usama perdió el control. Actuando de la manera que sabía, la fuerza fue la protagonista de la noche. Triste para ambos.

Tara,  no pudiendo evitar lo inevitable, se quedó quieta, con su mente en otro lado, su alma dolorida y su orgullo quebrado, esperando paciente que todo terminara. Solo hubo algo incontenible:  sus lágrimas en silencio.

Usama dormía a su lado.

Tara se levantó lentamente y,  con el mayor de los sigilos, cubrió su desnudez con su vestido rojo y caminó descalza hasta la habitación contigua, donde el uniforme de Usama descansaba prolijo.

Sacó el machete de combate y lo levantó con ambas manos, para dejarlo caer sobre el cuello de Usama.

Él dormía profundamente. Cuando lo tuvo a su alcance, pudo escuchar pronunciar su nombre, en sueños, ” Tara, Tara. Amor mío…”

No pudo encestar el mortal golpe. Su corazón palpitaba desmedidamente. Sus pensamientos estaban fuera de control. Y sobrevino la confusión. La gran confusión. Recordaba esa frase en boca del agricultor, antes de partir a combate.

Y ahora volvía a escucharla, de su opresor, el hombre que la tenía cautiva. ¿Acaso estaba soñando con ella?

La confusión la quebró en sollozos. Usama la estaba mirando, expectante. Podía ver su sable a poco centímetros de su cuello. Y a ella llorando desconsoladamente.

Con cuidado le quitó el machete. Y la abrazó. Durante toda la noche.

         FIN

Reflexiones, realidades y algo mas